Es tiempo de acabar esta experiencia. Sentimientos encontrados. Las ganas de volver con la familia y la pena de despedirse de este fantástico grupo de personas, la necesidad de volver a la rutina y descansar (tanto nosotros como el personal local) y el trabajo que queda pendiente, los proyectos pendientes y las muestras de agradecimiento, … Una experiencia intensa que debe ser breve para conservar su esencia.
Queda la reflexión y pensar que se repetirá en el futuro. Habrá algún post más con el material que queda pendiente de organizar, pero por ahora nos quedamos con el volcán Mayón despidiéndonos con su fumarola al subirnos al avión con el que iniciamos el largo retorno.
Presentados los correspondientes respetos a las víctimas, continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la Plaza de Roma. Donde nos esperan el palacio del gobernador, la catedral y una pequeña columna en el centro agradeciendo a Carlos IV (algo bueno debía hacer en algún momento) la vacunación contra la viruela.
Un reflexión: Durante el imperio español se vacunaba a la población. Hoy ni siquiera se yoda la sal. Seguramente uno de los grandes problemas de Filipinas sea que el país recibe su nombre en honor a un rey anterior
Pero volviendo a lo nuestro, el palacio del Gobernador, sede administrativa actual, se erigió tras la II Guerra Mundial en el lugar donde se ubicó el palacio del Gobernador en la época del imperio español.
También en la plaza, la catedral católica, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. También destruida en la IIGM, la actual es el octavo templo que se erige en el mismo lugar. Imposible visitar a estas horas en domingo pues hay misa horaria y está llena hasta la bandera (otra cosa pendiente para la vuelta 😉)
Y ya solo quedan unos pasos para llegar al otro extremo de intramuros: el Fuerte Santiago. Antigua fortaleza española para control del puerto y la desembocadura del río Pásig. Intensamente bombardeado durante la IIGM, los barracones y edificaciones quedaron destruidos, pero las murallas aguantan como si hubieran sido construidas por españoles.
Cansados, asados y con un jet-lag considerable decidimos retirarnos a nuestro cuartel de invierno (el AA a 17° en todas partes), no sin antes rendir visita a la bahía de Manila, en el Mar de China Meridional.
Por fin llegamos sanos y salvos. Y nos recibe una cálida bienvenida. La cosa pinta bien.
Cartel de bienvenida
Se trata de un hospital privado, construído con fondos españoles a la cooperación, en el que se habilitan un quirófano y la sala de reanimación para cirugía mayor y menor respectivamente.
No se puede decir que sean condiciones ideales, pero es la alternativa que tienen estos pacientes.
Un cirujano local, el Dr. Consolación, así como los anestesiólogos (Dres. Figuración y Suñas) y el resto del personal del centro nos dan apoyo y cobertura legal en Filipinas. Nosotros ponemos nuestra experiencia y la mejor de las intenciones, junto con el material donado en España.
Claudia
Nuria
Gon
Ro
Chema (o Jorge, aún no lo tengo claro)
Laura
Aurora
Valentín
Pepe
Dr. Consolación
Ma Magi. La supervisora de quirófano
Dr. Suñas. (La Dra. Figuración se ha negado a salir y habrá que respetarlo). 😲😲
Dr. Villalonga
Dra. Merck
Dr. Gil
Dra. Sorribes
Bueno, yo también he estado. 😁
El Dr. Consolación, la Dra. Merck y yo nos encargamos de las cirugías. El Dr. Vilallonga se coordina con los anestesistas y los Dres. Gil (Medicina Interna) y Sorribes (Pediatría) se desplazan a distintos pueblos a ofrecer su conocimiento y consejos a quienes quieran acudir. Valentín, Claudia, Laura, Ro, Gon, Pepe, Nuria, Aurora y Jorge aportan la frescura y espontaneidad. Bueno, Valentín es la mano derecha de la jefa, Belén.
El primer día se incluyeron 250 pacientes para operar. Visitas hemos perdido la cuenta, pero además, cada día encuentran nuevos casos que remitir para valorar para cirugía.
El ambiente es fantástico, sacando a delante situaciones de pacientes que no tienen otra opción, y sin que falten el buen humor y las anécdotas.
No es que haya mucho tiempo, pero tampoco podemos seguir solos cuando el personal del hospital disfruta de su fin de semana. Así que nosotros optamos por plan alternativo. El domingo algunos nos quedamos de asueto mientras los más jóvenes se fueron a castigar el cuerpo en un body-board. Sin embargo, el sábado, todos juntos (bueno, todos no, ya que la doctora Sorribes no se animó) intentamos la escalada al monte Iriga.
Monte Iriga. El volcán inactivo que domina la región
Empezamos atravesando el poblado de San Nicolás. Pobre hasta decir basta. Les dejamos unas galletas a los niños pero nos quedamos impresionados por las condiciones de infravivienda en las que viven algunos. La vida es realmente injusta.
El terreno llano del principio nos anima. La cima se ve lejos, pero parece una agradable caminata. Además es temprano y el calor aún no aprieta.
Luego el tema se va poniendo cuesta arriba
Eso si, las vistas se van haciendo más impresionantes.
Y, finalmente, tenemos que volver sin alcanzar la cima. Como dicen, una retirada a tiempo es una victoria, especialmente si no has planificado correctamente la acción y no cuentas con imprevistos como el desnivel y la frondosidad del bosque.
Ha sido una «escalada» sin conquista de la cumbre, pero las caras de satisfacción me llevan a pensar que es uno de los temas que quedan pendientes para próximas ediciones de la misión médica.
No sería muy razonable no volver a un sitio lleno de «banderitas españolas» 😜😜😜
El lunes 25 toca abandonar Manila camino de Iriga City, que, como no tiene aeropuerto, lo haré vía Legazpi.
Hora del vuelo, las 7:40. De embarque, las 7. Pregunto al conductor que me lleva de vuelta al hotel el domingo cuánto se tarda en llegar al aeropuerto un lunes de madrugada. Me dice que media hora, así que yo pongo el despertador a las 4 para ir tranquilo. Ja.
A las 5 salgo en un Grab para el aeropuerto. A las 5:25 descubro las colas para entrar al edificio de la terminal. ¿Dónde se ha visto esto? Hasta las 6 en la cola. Ya no voy tan sobrado, y eso que el aeropuerto no se puede considerar muy grande.
Toca dejar las maletas que se ha facturado (20 kg de material quirúrgico). Otra media hora. A sudar, quedan 30 min para pasar el control de seguridad y llegar a la puerta de embarque. 😱😱😱😱
Menos mal. Como todo el mundo está retenido a las puertas de la terminal el control de seguridad es rápido. 10 minutos en total. Y en llegar a la puerta de embarque lo justo para embarcar. Aunque eso si, al llegar anuncian el retraso. ¡Ya podìan haberlo dicho antes!
Así que aprovecho para conectarme al wifi y llamar a casa. Al colgar me dice el que está al lado un «Buenos días» en perfecto español. Resulta que era hijo de un marino y tuvieron el español casi obligatorio hasta los años 80.
El vuelo sin incidencias salvo el pequeño detalle de que te tengan una hora empaquetado como si fueras ganado a la espera de tu turno en la pista de despegue.
En Legazpi te recoge un coche y empiezas a conocer las sutilezas del transporte rodado.
Los viandantes (nunca mejor dicho), comparten las carreteras con los vehículos a motor, niños solos incluidos.
Los jeepneys, herencia de la II Guerra Mundial, llenan de colorido las calles y carreteras.
El otro vehículo característico, para distancias más cortas es el triciclo. Caracterizado por admitir un número variable de pasajeros (vamos, casi como un 127 de los años 80s). Algunos son particulares, los más se alquilan a modo de taxis.
Pero, sin duda, lo que más escalofrío produce a un occidental es el respeto a normas de circulación con amplio consenso; un paso de cebra significa «¿A que no hay …?», una raya continua viene a ser algo así como :»venga, ten cuidado al adelantar, que es un cambio de rasante o una curva sin visibilidad», y los arcenes a la derecha están concebidos para adelantar.
¿Qué mas da que por el arcén caminen viandantes, muchas veces menores?
Se añade un aviso de que circulen con precaución y todo arreglado.
En apenas 300-400 m. sobresalen las paredes de la iglesia de San Agustín, que si no fuera porque los letreros están en inglés, al entrar costaría saber si estás en Manila o en una localidad castellana.
San Agustín. Entrada.Iglesia San Agustín. Interior.
Justo enfrente un sorprendente complejo de restaurantes, cafés y salas de fiesta donde me tomé un excelente café frappé con chocolate (el calor obligaba). El nombre del lugar, muy fácil de recordar.
Entrada a Barbara’sInterior del complejo Barbara’s
Y a los pocos pasos encontramos el memorial a los muertos en la liberación de Manila durante la Segunda Guerra Mundial. Dicen que Manila fue la segunda ciudad más castigada durante esta guerra y la consecuencia fue la casi completa destrucción de los edificios que los españoles dejaron intramuros y la muerte de más de 100.000 civiles.
Equipado con el cansancio del viaje y una cámara de fotos, nos desplazamos al centro de Manila a echar un vistazo a la ciudad. El coche nos deja junto a la muralla y desde ahí cruzamos el centro siguiendo la calle del General Luna.
Lo primero que llama la atención son los contrastes. Casas señoriales de estilo colonial español con rascacielos dibujándose detrás, edificios majestuosos (como el de la universidad) junto a infraviviendas, lo viejo y lo nuevo, lo reconstruído y lo que no, lo rico y lo pobre, en una extraña amalgama.
Manila intramuros. Una calle.Plaza Moriones en Fuerte Santiago.Vista del río Pásig desde fuerte Santiago, mostrando la orilla opuesta.